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La grandeza de Mariana Grajales

Julio 12, 2010 por Diosdada

Elizabeth Reyes Tasé

Esa rara y singular unión entre sencillez y grandeza, que solo se materializa en personas excepcionales, definió el carácter de la patriota cubana Mariana Grajales Cuello, una de las féminas más ilustres de la historia de la Isla. Hija del matrimonio de mulatos libres compuesto por José Grajales y Teresa Cuello, inmigrantes oriundos de Santo Domingo, nació en la ciudad de Santiago de Cuba, el 12 de julio de 1815.

Bajo la sombra del colonialismo español y la barbarie de la esclavitud, desde pequeña sufrió los rigores de la pobreza, la discriminación, los vejámenes y las prohibiciones impuestas a todos los de su raza y posición social.

En ese entorno hostil, donde vio y sufrió las desgracias que marcan la vida de los hombres privados de su libertad, se formó como mujer fuerte, amorosa, rebelde, trabajadora, de inteligencia natural, principios inflexibles y profundas convicciones patrióticas.

Cumplidos los 23 años, Mariana contrajo matrimonio con Fructuoso Regüeiferos, cuya temprana muerte la obligó a criar, prácticamente sola, a sus primeros cuatro hijos: Felipe, Fermín, Manuel y Justo.

Posteriormente, se unió en segundas nupcias a Marcos Maceo, con el cual tuvo otros 10 descendientes, para completar una pléyade de valientes guerreros consagrados a la lucha por la independencia de Cuba.

Baluarte y guía de una de las familias más influyentes en la historia del proceso emancipador del país, la insigne patriota no dudó cuando el repique de la campaña de La Demajagua anunció el alzamiento del 10 de octubre de 1868, y junto a toda su prole se incorporó a la guerra bajo el juramento de “libertar la Patria o morir por ella”.

Como cualquier mambí arriesgó la vida en la manigua, donde fue ejemplo de firmeza, alentó a los combatientes, atendió y curó heridos y enfermos, y soportó sin claudicar la muerte de su esposo, varios hijos y otros familiares.

Al concluir la contienda en 1878, Mariana Grajales emigró a Kingston, Jamaica, donde junto a sus hijas y nueras continuó colaborando con la causa y laboró incansablemente en la creación de clubes patrióticos. Falleció el 27 de noviembre de 1893.

Su profundo ideal independentista no escapó a la fina sensibilidad de José Martí, quien expresó: “(.) recuerdo que cuando se hablaba de la guerra en los tiempos en que parecía que no la volveríamos a hacer, se levantaba bruscamente, y se iba a pensar, sola: ¡y ella, tan buena, nos miraba como con rencor! muchas veces, si me hubiera olvidado de mi deber de hombre, habría vuelto a él con el ejemplo de aquella mujer.”

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